La química del amor

¿Qué tan fácil sería evitar el enamoramiento? Al parecer nuestro cuerpo está diseñado para dejarse llevar por ese incontrolable e impredecible estado. Instintivamente, como individuos, buscamos que en un futuro nuestra descendencia pueda existir, es decir: perpetuar la especie.

Sin descalificar o desvalorar de ninguna forma la magia que implica caer enamorados, la ciencia nos da su postura y nos explica esas “mariposas en el estómago” y la forma en que para nosotros el amor se vuelve “ciego”; días de insomnio y nerviosismo incontrolable.

El proceso del flechazo de Cupido ha sido estudiado por diferentes disciplinas dentro de las humanidades, como la antropología, la sociología y la psicología, hasta llegar a ser tomado como estudio propio de las ciencias exactas: la bioquímica, la neuroquímica y la neurobiología. Estas ciencias nos ofrecen otro panorama, que no había sido explorado hasta la época moderna, para entender que el amor es sumamente complejo y nada sencillo de entender.

Según Glinda Flores Rosales, catedrática del departamento de Ciencias Biológicas de la Facultad de Estudios Superiores de Cuautitlán (UNAM), existen cuatro etapas del enamoramiento:

1.- Primera Impresión

El momento en que encontramos a la persona que nos atrae, ya sea por la vista (nos fijamos en rasgos que probablemente nos sean útiles para mejorar la especie)  o por el olfato (debido a las feromonas, sustancias químicas que provocan comportamientos específicos en otros individuos). En el momento que nuestra “presa” crea contacto visual con nosotros, una carga eléctrica en el cerebro produce la señal para que células del sistema límbico secreten feniletilamina (FEA).

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Los doctores Michael Lebowitz y Donald F. Klein, del Instituto Psiquiátrico de New York, plantean que la feniletilamina podría ser la responsable de ciertas sensaciones fisiológicas que presentamos en la primera etapa del enamoramiento como sudoración excesiva, insomnio, excitación y taquicardia.

2.- Fase neuroquímica

Es aquí donde la feniletilamina crea una bomba de sensaciones en nuestro cuerpo en menos de un segundo. Sin embargo, el cerebro necesita tomar las riendas, así que secreta dopamina, un neurotransmisor que estimula al hipotálamo, comunicándose con la hipófisis, lo que significa los vasos sanguíneos, las venas y arterias periféricas se contraerán, la presión arterial aumentará, así como la temperatura y la frecuencia cardíaca. Es aquí donde tienen lugar los enigmáticos suspiros; se contrae el estómago e intestino: las famosas “mariposas en el estómago” ¡Una locura!

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3.- Efecto analgésico

Después del coctel de sustancias que se creó en el cerebro y fue direccionado a todo nuestro cuerpo, vuelve a ser responsable de nivelar las sustancias que se han generado en exceso y para ello produce endorfinas y encefalinas, neurotransmisores con efectos analgésicos que producen una sensación de bienestar en el cuerpo. Dicho de otro modo, estas sustancias son una especie de droga para el cerebro. Así que, cuando se enamoran, ustedes se encuentran literalmente drogados.

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Investigadores de la Universidad de Londres captaron imágenes del cerebro cuando alguien pasa por esta etapa del enamoramiento y descubrieron que el cerebro no sólo secreta todas las sustancias que se mencionaron anteriormente, sino que las áreas del cerebro encargadas de realizar juicios o someter a valoración al prójimo se inactivan. El dicho “el amor es ciego” posee toda una explicación científica.

4.- Fase neuroendócrina

Los impulsos eróticos se vuelven más fuertes y con intervalos más cortos; la testosterona aumenta -tanto en hombres como en mujeres- para poder llegar sin inhibiciones al coito, la puerta de entrada a las increíbles pero tormentosas historias de amor.

Hasta aquí nos queda claro que el cerebro es el órgano sexual más importante, responsable de los momentos mágicos de nuestra existencia. Al entender que el enamoramiento es un proceso parecido al consumo de una droga, es claro que la falta de éste nos podría llevar a una especie de síndrome de abstinencia, por la falta de las sustancias en el cerebro, lo cual explicaría el dolor que trae consigo la separación del ser querido.

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Sin embargo, no hay mal de que dure cien años, y esta vorágine de reacciones químicas y emociones no es eterna. Los expertos aseguran que el proceso de enamoramiento dura aproximadamente 18 meses. “Todo lo que sube, tiene que bajar”, así que queda en nosotros saber si lo que empieza como un incontrolable estado emocional se transforma en una voluntaria forma de compartir nuestra vida con alguien más… o seguimos en la perpetua búsqueda de emociones fuertes, derivadas del primer flechazo.

Escrito por: Pablo Iván García

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