Relaciones de pareja

No existe una fórmula mágica. Por más que tengas cierta experiencia en el campo de las relaciones humanas, jamás puedes estar seguro de que esa nueva persona que acabas de conocer no te causará dolores de cabeza, angustias tremendas y obsesiones insanas. Nadie, absolutamente nadie está preparado para el amor.

¿De dónde proviene nuestro sufrimiento? Bueno, proviene de la absurda idea de que existe algo llamado amor romántico. En la Edad Media, es decir aproximadamente en los siglos XV y XVI, a algún desequilibrado se le ocurrió que era perfectamente posible que un hombre y una mujer se enamoraran. Hasta antes de eso, todo era simple y sencillo: el amor romántico no existía; las relaciones entre hombres y mujeres se reducían a la reproducción sexual y a la formación de una microestructura social (léase: familia). ¿Estar enamorado? Eso es un invento moderno.

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El auge de la religión católica vino a arruinarlo todo -aún más-: ahora resulta que no sólo es que el hombre y la mujer puedan sentirse atraídos espiritualmente, sino que también deben formalizar su enamoramiento frente a Dios. Grave error. De ahí la concepción universalmente aceptada: hombre busca mujer (doncella en la torre) / mujer busca hombre (caballero valeroso); ambos serán felices una vez superen los obstáculos que les impiden estar juntos (y se casen, por la iglesia). Sí, telenovela. Así es nuestra -terrible- vida amorosa.

¿No valdría más la pena aceptar que simple y sencillamente el amor no existe? Porque es intangible, incuantificable, insostenible en muchas ocasiones. Por eso duele. Ahora bien, el cine, como buen paradigma de nuestra existencia, se ha encargado de representar esta falacia caprichosa en cientos de películas, pero de forma divertida: el género se llama comedia romántica. No se trata solamente de sufrir, sino de mofarnos un poco de nuestra propia desgracia. Hollywood ha dado grandes maestros del género, como Billy Wilder Woody Allen. Sin embargo, a últimas fechas han sido estrenadas ciertas comedias románticas que evaden los estándares, el lugar común, y trascienden el simple entretenimiento, para mostrarnos diversos aspectos de nuestra realidad cotidiana, en relación directa con ese mal necesario llamado amor.

– 500 DÍAS CON ELLA (2009)

Es una de las películas más comentadas en los últimos años y comienza a volverse una cinta de culto por el tratamiento desparpajado de un tipo de enamoramiento muy común: estoy hablando del enamoramiento obsesivo. Tom Hansen (Joseph Gordon-Levitt), empleado como escritor  de tarjetas de felicitación, queda hechizado con la nueva chica que llega al trabajo: SummerFinn (Zooey Deschanel), una mujer sencilla, pero encantadora. Summer no cree en el amor romántico.

Aun así, ella y Tom comienzan una relación, que, como todo romance, debe terminar. El tratamiento de la película está orientado a la dificultad que tiene Tom para enfrentar la pérdida de su chica ideal. A través de flashbacks, recapitulamos los 500 días que pasaron juntos, desde que se conocieron en el área de fotocopiado de la empresa, hasta su inevitable rompimiento. ¿Eres  una de las personas que padecen grandes dificultades para dejar ir a su pareja cuando la relación ya no da más? Tom Hansen encarna el espíritu de los románticos que creen haber encontrado el amor de su vida y, desafortunadamente, lo tienen que ver partir. 

– RUBY SPARKS (2012)

Hablando de mujeres ideales y relaciones que pueden volverse obsesivas, qué mejor que la cinta de Jonathan Dayton y ValerieFaris: Ruby Sparks. Despreciada por los jurados de los festivales de cine alrededor del mundo, se trata de una cinta absolutamente destacable, para el tema que nos ocupa. Tiene la peculiaridad de que su actriz protagónica, Zoe Kazan, es la propia escritora de la película. ¿Qué significa esto? Aparte del raro suceso de que una chica bonita escriba una historia excelente, la cinta es genuina, pues muestra una perspectiva muy peculiar sobre un tema ya conocido: el dominio que se ejerce al interior de las relaciones de pareja.

Calvin (Paul Dano), al igual que Tom Hansen, es escritor: ha publicado una novela sumamente exitosa. Luego de esto, se halla en un bache creativo y existencial. Su terapeuta -tal vez inspirado por aquella cita atribuida a Henry Miller, quien afirmó: the best way to get over a woman is to turn her in to literature– le propone escribir lo que ve en sus sueños y fantasías. Por supuesto,el máximo anhelo onírico de Calvin es una chica atractiva, sensible, no demasiado inteligente, pero sí auténtica: Ruby Sparks.

El guión de la cinta, bien estructurado en cuanto a giros dramáticos, propone como primera vuelta de tuerca el hecho de que Ruby -de forma misteriosa, por no decir milagrosa- aparece en la vida real y tangible de Calvin, llevándolo a un conflicto ontológico de niveles insospechados. ¿Existe la pareja ideal? ¿Existe previamente o se va construyendo durante la relación? ¿Qué amas del otro: su forma de ser o lo que quieres que sea a tu lado?

– LOS JUEGOS DEL DESTINO (2012)

En cuanto a parejas disfuncionales, Pat (Bradley Cooper) y Tiffany (Jennifer Lawrence) no se quedan atrás. Él viene de una clínica psiquiátrica, luego de varios meses de reclusión, por un shock emocional debido a la infidelidad de su esposa. Tiffany, por su parte, es viuda y carga un estigma social debido a su reciente adicción al sexo, que la ha llevado incluso a perder su trabajo.

No se podría augurar nada bueno para este par de románticos sin cura: Pat -como Tom Hansen- está obsesionado con recuperar a su ex esposa, a pesar de estar diagnosticado con trastorno de bipolaridad y tener una restricción legal para acercarse a ella; Tiffany sólo quiere encontrar una pareja con quién participar en un concurso de baile y, tal vez, sólo tal vez, encontrar la felicidad…

Esta última premisa está detrás de todas las comedias románticas: los protagonistas quieren ser felices, igual que nosotros en la vida real. Todos queremos ser felices, es un súper objetivo compartido. El problema es cuando supeditamos esa felicidad a una relación de pareja. De ahí nuestro sufrimiento. Nos angustiamos porque necesitamos a otro para sentirnos plenos y realizados; no nos basta con nosotros mismos. He ahí el quid del amor romántico. Somos almas en pena que buscamos un pedazo de tierra donde asirnos, en medio de un mar embravecido por la soledad.

Escrito por: Pablo Iván García

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