Cómo entender un buen vino

“El vino es algo emocional, sentimental, entonces se bebe distinto si estás triste o alegre, si estás enamorado o si te sientes orgulloso de ti mismo; el vino saca lo mejor de las personas”, explica José Moro, presidente de Bodegas Emilio Moro y tercera generación de viticultores.

La Ribera del río Duero es una zona con denominación de origen en España, que se caracteriza por su altitud -900 msnm-, así como su suelo arcilloso y de piedra caliza. Ahí se establecieron las Bodegas Emilio Moro, que este año lanzan una edición conmemorativa de Mallelous, un vino tinto 100% tempranillo.

¿Cómo entender de vinos?

«Catando con personas que saben de vino», es la primera respuesta de Moro. «Que puedan explicar, conforme toman, que cuando se observan tonos más rojos, se huelen aromas complejos -como el de tabaco o cuero- y se sienta en la boca tranquilidad, redondez y suntuosidad, el vino es más viejo. Mientras que uno que huele a moras, zarzamoras o fruta y en la boca está un poco más intranquilo, es más joven.»

Por supuesto hay que estar consciente de qué vino se está tomando: un vino joven, un vino de crianza, de reserva o gran reserva.

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Tipos de vino según su paso por barrica

Los vinos jóvenes se embotellan después de la fermentación alcohólica y los vinos con crianza son los que pasan un tiempo en barricas de roble, antes de ser embotellados. El tiempo de permanencia de un vino, tanto en barrica como en botella, determina que sea crianza, reserva o gran reserva. El tiempo establecido puede variar según los Consejos Reguladores de las diferentes Denominaciones de Origen.

La crianza en barrica aportará sabores al vino, según el tipo de roble -normalmente francés y americano-, además del nivel de tostado que se le haya dado a la madera y según la edad de la barrica. En ellas se sucederán una serie de procesos físico-químicos, que irán envejeciendo el vino, estabilizando su color y enriqueciendo sus aromas.

Vino joven: También conocido como vino cosechero, no ha pasado ningún tiempo en la barrica o no el suficiente para ser considerado “crianza”. Se comercializa en su primer o segundo año de vida, no es necesario almacenarlo mucho tiempo y, en general, se caracteriza por mantener sus propiedades durante unos dos años como máximo.

Semicrianza o roble: Es el vino que ha pasado menos de 6 meses en barrica, pero sin llegar a los periodos de crianza de los distintos consejos reguladores. Este tipo de vinos tienen una vida un poco más larga que la de los vinos jóvenes.

Crianza: Se comercializa en su tercer año de vida, después de pasar al menos 12 meses en barrica. El resto del tiempo envejece en botella antes de ser etiquetado. Estos vinos pueden mantener sus cualidades de cinco a diez años de vida, dependiendo de las condiciones de almacenaje.

Reserva: Ha sido sometido al menos a tres años completos de envejecimiento, aunque el periodo mínimo de permanencia en barrica coincide con el de crianza: un año.

Gran reserva: A esta categoría solo llegan las cosechas excepcionales. Se caracteriza porque para su elaboración es necesaria uva de gran calidad. Se suelen etiquetar después de permanecer como mínimo 2 años en barrica y 3 en botella. El vino gran reserva necesita envejecer al menos cinco años.

Con información de: Milenio y grosmercat.es/blog

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