Pet

He intentado encontrar la misma entrega, cariño, confianza, lealtad y aceptación que un animal como este te otorga, y en lo personal nunca lo he encontrado en otro ser. Por supuesto hablo de nuestros amigos perrunos, de aquellos «sujetillos» de cuatro patas, que de alguna forma se las arreglan para darnos momentos de alegría, situaciones de bienestar, contextos de transmutación de una energía negativa a una frecuencia y vibración positiva.

Es curioso analizar este tema, ya que estos seres perrunos y nosotros los humanos, según datos científicos, llevamos aproximadamente 15 mil años en constante convivencia, lo cual me lleva a pensar detenidamente en algo: el tiempo, las vivencias y el conocimiento empírico de la raza humana, siempre ha tenido un objetivo constante, una meta ontológica, la cual se basa en la transmisión de información y/o conocimientos

Esta información puede ser verbal, puede ser física, en muchos casos es empática, pero de forma inequívoca esta información tan valiosa es transmitida de forma genética. Después de tanto tiempo que llevamos en constante convivió y vinculación con los perros, podemos deducir la razón por la que ellos son capaces de despertar en nosotros compasión.

Un perro no va a juzgarte por tu edad, no va a pensar mal de ti, no le importa un comino si eres el más guapo o el mpas feo, el más listo o el más tonto, él simplemente va a ser tu verdadero amigo sin importar que tan inflada esté tu cuenta de banco. Lo más bello de todo es que él te acepta tal y como eres, sin juzgarte, sin cuestionarte, sólo dando lo mejor de su existencia con tal de hacerte feliz.

Tenemos mucho que aprender de ellos, quitarnos esa soberbia y ese ego que nos hace sentir superiores no solo a los perros, sino a la naturaleza misma en todas sus manifestaciones; todos somos parte de lo mismo en todas sus manifestaciones; todos somos parte de lo mismo, y mientras no seamos capaces de entender el amor y la dicha que un perro expresa ante la vida y ante nosotros cuando nos ve, no vamos a lograr comprender la complejidad y a la vez la simpleza de lo que verdaderamente es una «vida de perro».

¡Cuídalos!, dales tu atención y comparte un gran pedazo de vida con ellos. Esos orejones de cuatro patas no están con nosotros tanto tiempo, no desaproveches la oportunidad de valorar lo que un ser como ellos puede ofrecerle a tu vida. Charles Chaplin no lo pudo expresar mejor, y lo parafrasearé para fortalecer mi punto:

«Quien alimenta y ama un animal hambriento, en realidad alimenta y ama a su propia alma»

 

Escrito por: Juan Pablo Tirado S. – Dir. Editorial

 

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